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Tecnología doméstica es una de las etiquetas menos sexy para la creación artística que me he encontrado jamás. «Tecnología» me sabe a aburrido, y «Doméstica» directamente me hace pensar en fregar el piso.

Sin embargo, a pesar del infeliz nombre, filmar con el móvil (porque de eso se trata) es una de las experiencias creativas más satisfactorias que hay, porque es inmediato, porque puedes fijar al toque una idea audiovisual que cruza tu camino, y porque el móvil siempre te acompaña, y porque sí, te permite capturar la serendipia de un rayo de luz.

Como el vídeo al final, que se presentó solito, una mañana, mientras preparaba mate. 

Pero ahora viene la parte politicamente interesante: el móvil, no te lo compras para hacer vídeos, te lo compras por otras cosas y además se da la posibilidad de hacer vídeo. O sea, no has invertido dinera para hacer vídeo, es un demás. Como el azucar diponible en la barra del bar aunque tu tomes café amaro, como el jabon en un baño aunque no te laves las manos.

Con lo cual desde un punto de vista economico, podemos decir que para la producción audiovisual es un medio de producción que se beneficia gratuitamente de otros medios de producción (y por ende capital).
O sea hace «free riding» de un capital invertido en otras actividades: principalmente comunicarse.

Me fascina la idea de una creación cinematografica que no necesita de inversión en capital, que solo cuesta tiempo y espíritu humano, libre de gastos económicos y sus compromisos. O sea, ¡un arte free rider!
Free rider como quién hace autostop, free rider como

¿Cómo sería la historia de cine y de las imágenes enfocada en los medios de producción, el acceso a ellos, y las relaciones en las que están? Pus revelaría muchas cosas que ahora no se consideran, pero ya es otro cuento.